El silencio tenso previo a la partida, el eco seco de la biela en el arranque y luego solo el zumbido constante de la cabra sobre el asfalto. Así se escribió una de las jornadas más contundentes para el ciclismo colombiano en los Juegos Bolivarianos Lima–Ayacucho 2025, con dominio absoluto en la contrarreloj individual femenina y una exhibición de jerarquía en la prueba masculina.
En los 22.1 kilómetros de la contrarreloj femenina, la primera colombiana en lanzarse al asfalto fue Marcela Hernández. Desde que el juez contó “tres, dos, uno...”, la antioqueña salió firme, acoplada a la bicicleta, marcando un paso agresivo que rápidamente la puso con el mejor parcial.
Marcela no tenía referencias de compañeras por delante, así que corrió a puro instinto y preparación. Cuando cruzó la meta, el cronómetro marcó 30:03.22 y el tiempo se convirtió en la nueva marca a batir, el registro que las demás mirarían de reojo. Por varios minutos, el mejor tiempo del día tuvo nombre colombiano y apellido Hernández.
Al final de la lista de partida, como última en salir, estaba Diana Peñuela. Sabía que tenía delante el tiempo de su compatriota y seguir a rivales fuertes como la venezolana Lilibeth Chacón, pero también sabía que la referencia de Marcela era una señal clara: la medalla estaba al alcance, solo había que sostener la cadencia y creer en las piernas.
Peñuela corrió la crono con oficio de especialista: sin desesperarse en los primeros kilómetros, guardando lo justo para rematar fuerte en la parte final. Cuando pasó la línea de meta, el reloj fue contundente: 29:49.56. Oro bolivariano y mejor tiempo del día.
El 1–2 colombiano tuvo, además, un simbolismo especial: Lina Marcela abriendo el camino con el primer gran registro y Diana cerrando la lista como última en partida y primera en la general.
Walter Vargas, el reloj hecho ciclista
Si la mañana fue dorada con las mujeres, al caer la mañana se confirmó que el dominio colombiano también habla en voz masculina. En la CRI de los hombres, sobre un trazado de 44.2 kilómetros, el especialista antioqueño Walter Vargas volvió a demostrar por qué es uno de los grandes contrarrelojistas de la región.
Desde la rampa de salida impuso su sello: acoplado al manillar, aerodinámico al máximo, gestionando cada repecho y cada falso llano como si llevara un reloj interno perfectamente calibrado. Al finalizar el recorrido y, a pesar de una caída, el resultado no dejó espacio a dudas: 51:25.09 para el colombiano, suficiente para colgarse el oro bolivariano con autoridad.
El ecuatoriano Jhonatan Caicedo se quedó con la plata gracias a un tiempo de 53:31.17, mientras que el chileno Héctor Quintana completó el podio con 53:51.64.
Colombia rozó el doble podio también aquí: Anderson Arboleda firmó una gran actuación y terminó cuarto, con un registro de 53:59.32, a menos de diez segundos del bronce chileno.
El doblete de Peñuela y Hernández en la prueba femenina y el oro de Vargas, acompañado del cuarto puesto de Arboleda en la masculina, refuerzan la imagen de Colombia como potencia en el ciclismo de ruta, capaz de ganar en la montaña, en los circuitos y, como en Lima–Ayacucho 2025, en el examen más solitario y cruel del ciclismo: la lucha directa contra el reloj.
Información del Comité Olímpico Colombiano
